Historia Clínica Electrónica: ¿qué hacemos con el papel?


Historia Clínica Electrónica y migración selectiva de historias clínicas antiguas en hospitales del Perú


 

Hola, colegas y amigos. 

Cuando hablamos de Historia Clínica Electrónica en el Perú, solemos hablar de sistemas, interoperabilidad y tecnología. Pero hay una pregunta mucho menos atractiva y bastante más incómoda: ¿qué hacemos con las montañas de historias clínicas que ya existen en papel?

Como gestor de salud, creo que aquí podemos cometer un error de partida: asumir que digitalizar significa escanear todo lo que tenemos acumulado durante años.

No necesariamente.

Historia Clínica Electrónica: digitalizar no significa escanearlo todo

Cuando un hospital tiene miles o incluso millones de páginas de historias clínicas antiguas, la reacción más intuitiva parece ser sencilla: escanearlas, almacenarlas y seguir adelante. Y lo dijo el Ministro en unas de sus visitas

Pero eso puede trasladar el problema del archivo físico al entorno digital. Podemos terminar con enormes cantidades de documentos difíciles de consultar, costosos de procesar y lo peor es con información histórica que no necesariamente aporta valor a la decisión clínica actual.

Hay una diferencia que considero fundamental:

Una historia clínica digitalizada no necesariamente es una Historia Clínica Electrónica útil.

Un PDF de 300 páginas puede estar perfectamente almacenado en un servidor. Pero si el profesional necesita abrir ese documento para encontrar una alergia, un diagnóstico, una cirugía previa o un tratamiento vigente y para ello tenga que leer esas paginas y echárselas a buscar ahí,  simplemente hemos cambiado el soporte del problema... nada más.

El papel desapareció, pero la dificultad para encontrar información permanece.

Por eso, mi propuesta no sería una digitalización masiva e indiscriminada, sino una migración clínica selectiva, progresiva y segura.

El verdadero cambio empieza con una fecha de corte

Yo empezaría por una decisión administrativa clara: establecer una fecha de corte.

Por ejemplo, si institucionalmente se define el 1 de enero de 2027 como fecha de transición, toda nueva atención debería registrarse bajo el modelo de Historia Clínica Electrónica definido por la institución.

Esto no significa que el pasado desaparezca. 

Significa que dejamos de seguir alimentando el archivo físico mientras construimos una nueva forma de registrar y utilizar la información clínica.

La pregunta entonces cambia.

Ya no es: “¿Cómo digitalizamos todas las historias antiguas?”

Es:

“¿Qué información del pasado necesita realmente el profesional para tomar una buena decisión hoy?”

Migrar información clínica, no simplemente documentos

Antes de la primera atención electrónica —o durante ella— podemos construir un resumen clínico electrónico inicial.

En lugar de trasladar cientos de páginas, se identifican los datos que pueden modificar las decisiones actuales: antecedentes relevantes, diagnósticos, alergias, medicamentos, cirugías, enfermedades crónicas y otros elementos clínicos significativos.

Esto permite que la nueva HCE empiece a ser útil desde el primer contacto.

Y aquí aparece otra diferencia importante: no todos los pacientes requieren la misma estrategia de migración.

Un paciente con diabetes que acude regularmente al establecimiento no tiene la misma prioridad que una persona que no registra atención desde hace muchos años.

Por eso, tendría sentido establecer una migración prioritaria para pacientes con enfermedades crónicas, cáncer, tratamientos prolongados o necesidades de continuidad asistencial.

¿Qué documentos antiguos sí vale la pena digitalizar?

Tampoco plantearía eliminar indiscriminadamente el documento original ni convertir absolutamente todo en un archivo electrónico.

La digitalización selectiva puede concentrarse en documentos que tengan especial valor clínico, como son los casos médico-legal o de interés científico e histórico, es decir historias del Archivo Especial, denominación que se brindo según la RM 732-2008-MINSA

  • Epicrisis: permiten conocer de manera resumida episodios de hospitalización y decisiones clínicas relevantes.
  • Informes operatorios: pueden aportar información importante sobre procedimientos quirúrgicos previos.
  • Anatomía patológica: especialmente relevante en pacientes con antecedentes oncológicos y otras condiciones que requieren seguimiento.
  • Consentimientos relevantes: determinados documentos pueden tener especial importancia clínica y médico-legal.

La lógica es sencilla: no todo lo que existe en el archivo tiene necesariamente que convertirse en un documento que el médico tenga que consultar diariamente.

El archivo físico no desaparece por decreto

Aquí es donde debemos aterrizar la discusión a la realidad de las IPRESS.

Un hospital no puede simplemente decir: “ya tenemos HCE, eliminemos las historias antiguas”. Existen responsabilidades de custodia, conservación documental y posibles necesidades clínicas o médico-legales.

Por eso, considero más razonable establecer una clasificación institucional:

  • Archivo activo: historias de pacientes con utilización reciente o con necesidad de continuidad asistencial.
  • Archivo pasivo: historias de pacientes que no han tenido atención durante el periodo establecido institucionalmente.
  • Archivo especial: documentación médico-legal, investigaciones, menores, enfermedades ocupacionales y otros casos que requieran tratamiento diferenciado.

Un punto que debe quedar claro: no establecería de manera general un plazo de cinco años para todas las historias clínicas sin verificar previamente la normativa peruana aplicable, las reglas de archivo y las características de cada documento. 

La conservación y disposición documental no deberían definirse únicamente por conveniencia informática.

El problema no es solamente tecnológico

Cuando hablamos de HCE, interoperabilidad o incluso inteligencia artificial, fácilmente podemos olvidarnos de algo básico: la tecnología necesita condiciones para funcionar.

Una IPRESS necesita conectividad razonablemente estable, equipos operativos, energía, soporte técnico, capacitación, seguridad de la información y procesos definidos.

Si un establecimiento todavía tiene dificultades para mantener operativas sus computadoras, su red o su conexión a Internet, empezar hablando de inteligencia artificial para analizar historias clínicas puede ser poner el carro delante del caballo.

Yo seguiría una secuencia mucho más sencilla:

Procesos ordenados → datos estructurados → interoperabilidad → analítica → inteligencia artificial.

La inteligencia artificial puede ayudarnos posteriormente a identificar riesgos, resumir información, apoyar la gestión de pacientes crónicos o encontrar patrones en grandes volúmenes de datos.

Pero primero necesitamos que esos datos existan, sean confiables y estén correctamente estructurados.

Una HCE útil debe servirle a alguien

Este es, para mí, el punto central.

No deberíamos medir el éxito de un proyecto de Historia Clínica Electrónica por el número de documentos escaneados, servidores instalados o pantallas desarrolladas.

Deberíamos preguntarnos algo mucho más sencillo:

¿El profesional encuentra más rápido la información que necesita para atender al paciente?

Si la respuesta es sí, estamos avanzando.

Si el médico tiene que abrir diez archivos PDF para reconstruir la historia del paciente, quizá solamente hemos convertido el archivo físico en un archivo digital.

Y eso no es poca cosa, pero tampoco es transformación digital.

La historia clínica debe acompañar al paciente

Imaginemos nuevamente a una paciente que empieza su atención en un centro de salud y posteriormente necesita ser referida a un hospital.

Ella no debería convertirse en el medio de transporte de su información clínica.

La información debería acompañarla.

Si después consulta con un especialista, el profesional debería poder acceder a los antecedentes relevantes. Si continúa un tratamiento, debería existir continuidad. Si cambia de establecimiento, la información esencial no debería desaparecer detrás de un archivador.

Ese es el verdadero sentido de una Historia Clínica Electrónica.

No hacer desaparecer el papel.

Hacer que la información clínica esté disponible cuando realmente se necesita.

¿Qué haría yo en una IPRESS?

Si tuviera que organizar esta transición, empezaría por cinco decisiones concretas:

  • Definir corte: establecer una fecha institucional desde la cual las nuevas atenciones se registren electrónicamente.
  • Clasificar pacientes: identificar población activa, crónicos, oncológicos y otros grupos que requieren continuidad.
  • Construir resumen: transformar la información clínica relevante del pasado en un resumen estructurado.
  • Digitalizar selectivamente: escanear documentos con valor clínico o médico-legal definido.
  • Ordenar archivo: establecer criterios de custodia, acceso, conservación y disposición documental conforme a la normativa.

Y después mediría algo muy concreto: cuánto tiempo tarda un profesional en encontrar la información necesaria para atender correctamente a un paciente.

Ese indicador me interesa mucho más que saber cuántas cajas de papel hemos convertido en archivos PDF.

El objetivo no es digitalizar la historia que tenemos

Tenemos una oportunidad interesante. 

La transición hacia la Historia Clínica Electrónica puede convertirse en un simple proyecto de escaneo o puede utilizarse para rediseñar la manera en que gestionamos la información clínica.

Yo elegiría la segunda opción.

Porque una HCE no debería ser un almacén electrónico de documentos.

Debería ser una herramienta para que el profesional tome mejores decisiones, para que el establecimiento gestione mejor y para que el paciente no tenga que repetir su historia cada vez que cruza la puerta de un servicio de salud.

No se trata de digitalizar la historia clínica que tenemos.

Se trata de construir la historia clínica que la gente necesita.

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