Interoperabilidad en Salud: Política Nacional

Dentro del debate académico de la Segunda Especialidad en Transformación Digital y Gobierno Electrónico en la Universidad César Vallejo (UCV), constatamos que modernizar la administración pública exige articular redes complejas. En el sistema sanitario, la interoperabilidad en salud requiere urgentemente una política nacional rectora: los datos asistenciales ya existen en gran volumen, pero se encuentran atrapados en islas aisladas que impiden acompañar al paciente cuando transita entre diferentes establecimientos.

Interoperabilidad en salud y política nacional para estandarizar datos médicos

Marco normativo de la interoperabilidad en salud y gobernanza de datos en el Perú

En el ordenamiento estatal peruano, el marco general de articulación tecnológica descansa en el Decreto Legislativo Nº 1412, Ley de Gobierno Digital, el cual regula el uso transversal de las tecnologías digitales e institucionaliza la Plataforma Nacional de Interoperabilidad (PIDE) para el intercambio seguro y confiable de información entre entidades públicas. En esa misma orientación estratégica, la Política Nacional de Transformación Digital al 2030, formalizada por el Decreto Supremo N.° 085-2023-PCM, establece en sus Objetivos Prioritarios la disponibilidad de servicios digitales inclusivos y la consolidación de la gobernanza de datos a nivel territorial.

En el campo clínico específico, la Ley Nº 30024 crea el Registro Nacional de Historias Clínicas Electrónicas (RENHICE), norma que otorga al Ministerio de Salud la rectoría para normar el acceso y la continuidad del flujo de datos de los pacientes. Asimismo, el marco legal impone salvaguardas estrictas mediante la Ley Nº 29733, Ley de Protección de Datos Personales, exigiendo que cualquier intercambio de información médica sensible garantice el consentimiento informado, la seguridad técnica y la confidencialidad absoluta del titular del dato durante todo el proceso de interoperabilidad.

De islas de información a una política nacional que acompañe al paciente

En la gestión diaria de los servicios de salud nos enfrentamos a una paradoja constante: la información médica no falta, sino que está dispersa y fragmentada entre hospitales de distinta complejidad, laboratorios periféricos, centros de imágenes radiológicas, aseguradoras públicas o privadas y múltiples prestadores independientes. El problema medular radica en que, cuando un usuario es derivado o decide acudir a otra institución asistencial, su historial no viaja con él. Podemos diseñar nuevos sistemas informáticos o implementar complejos modelos de inteligencia artificial, pero su utilidad será marginal si cada organización registra, cataloga y codifica la atención bajo sus propias reglas locales.

Para solucionar esta fractura estructural, resulta imperativo consolidar una política nacional de interoperabilidad sanitaria que fije directrices claras y homogéneas:

  1. Guías de implementación técnica para casos de uso concretos y prioritarios.
  2. Esquemas de gobernanza con responsabilidades legales e institucionales definidas sobre la custodia y el acceso a los datos.
  3. Adopción obligatoria de terminologías clínicas estandarizadas y reglas únicas de identificación ciudadana.
  4. Requisitos rigurosos de ciberseguridad, trazabilidad, calidad de información y gestión del consentimiento del paciente.

Implementación coherente de estándares internacionales maduros como HL7 FHIR (para interoperabilidad de recursos clínicos y administrativos), DICOM (para imágenes diagnósticas), SNOMED CT (para vocabulario clínico estructurado) y LOINC (para exámenes de laboratorio), debidamente adaptados a las condiciones de conectividad y capacidad de nuestras regiones.

El fin primordial de esta gobernanza no consiste en crear bases de datos centralizadas y pesadas, sino en interconectar la información existente para que esté disponible de manera oportuna, segura e íntegra en el instante exacto en que un médico atiende al paciente. Los estándares técnicos son universales y globales; sin embargo, la coordinación estratégica para hacerlos vinculantes tiene que ser inequívocamente nacional.

"Los datos de los pacientes ya existen distribuidos en el sistema; el verdadero desafío es lograr una política nacional de interoperabilidad para que la información lo acompañe de forma segura."

  • Superación de silos asistenciales: articular los registros de hospitales, laboratorios y aseguradoras permite que el historial médico acompañe al paciente a lo largo de toda su ruta asistencial.
  • Estandarización semántica obligatoria: adoptar catálogos técnicos internacionales como HL7 FHIR, SNOMED CT y LOINC garantiza que los sistemas compartan el mismo significado clínico.
  • Gobernanza y seguridad nacional: establecer directrices estatales sobre custodia, consentimiento y calidad de datos protege la privacidad del paciente y viabiliza la continuidad operativa.

Si deseas profundizar sobre cómo convive el registro tradicional con estos cambios informáticos, te invito a revisar nuestro artículo Historia Clínica Electrónica: ¿qué hacemos con el papel?.

¿Qué caso de uso debería ser prioritario al interoperar en nuestro sistema de salud?  

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